O por lo menos quién eres hoy.Permíteme que te presente a Laura y a Andrés. Ambos tienen la misma edad. Ambos viven en la misma ciudad. Ambos llevan vidas perfectamente reconocibles. Si los vieras sentados en una cafetería, no notarías nada fuera de lo común. Pero obsérvalos caminar. Laura avanza con una vitalidad difícil de ignorar. No es solo la expresión de su rostro, ni una simple sonrisa. Su manera de moverse transmite ligereza y entusiasmo. Camina con una energía y confianza que parece expandirse hacia afuera. Transmite cierto magnetismo difícil de explicar. No se trata únicamente de su apariencia, hay algo en su movimiento que resulta agradable de mirar, que contagia buen rollo. Sin decir nada, su cuerpo comunica.Andrés, en cambio, ofrece una impresión muy distinta. Con la cabeza ligeramente gacha, el ceño fruncido y los hombros vencidos hacia delante, te desaliente solo con verlo. Parece que no tiene ganas, vaya, ni de caminar, ni de vivir. Piensas, ¿Cuál será la historia de este chico? Sientes como si un enorme nubarrón negro se desplazara con cada uno de sus pasos. Y lo más llamativo es que no hace falta conocer sus historias para notarlo. El cuerpo habla.Lo curioso es que, si les preguntas cómo están, ambos podrían responder algo parecido: “Bien.” “Todo normal.” Y, sin embargo, su manera de moverse cuenta relatos radicalmente distintos. Porque caminar no es solo desplazarse. Es una proyección existencial de nuestro estado interno. Laura no ha decidido conscientemente su forma de caminar. Simplemente existe una coherencia entre su impulso interno y su expresión corporal. Andrés tampoco ha elegido caminar así. Pero su cuerpo refleja algo. Quizá tensiones acumuladas, preocupaciones persistentes o una manera más defensiva o contraída de estar en la vida. El organismo jamás se mueve de forma neutra.Nuestro movimiento es una encarnación fiel de lo que somos aquí y ahora. De cómo están tus emociones, tu sistema nervioso, tus tensiones, tus miedos o tu energía disponible. Tu forma de moverte es biografía en tiempo real. Y aquí es donde entra algo fascinante. Si Andrés comenzara a transformar su vivencia —no su gesto externo, no una corrección mecánica, sino su manera profunda de sentirse vivo— algo empezaría a reorganizarse de forma natural. Sin imponer posturas. Sin obligarse a “ponerse recto”. Porque la postura real no nace de querer corregir la espalda, nace en la experiencia de existir. Este es uno de los ejes más sorprendentes que exploraremos en el próximo módulo de formación. Comprender, y sobre todo vivenciar, que el movimiento no es solo mecánica corporal, sino una expresión directa del modo en que estamos viviendo, sintiendo y relacionándonos con el mundo. Porque cuando cambia el sentir…cambia el movimiento. Y cuando cambia el movimiento… cambia la forma de habitar el mundo. Si quieres adentrarte en esta experiencia y explorar cómo el movimiento puede revelar, reorganizar y ampliar tu manera de estar en la vida, puedes reservar alguna de las plazas disponibles en el próximo módulo de formación y venir a probar tu primer módulo de forma gratuita. Pincha para más información. Módulo 7 – Movimiento HumanoContinuando el recorrido formativo de la Escuela, profundizando en la coherencia entre vida, vínculo y acción. Si este texto te ha tocado, no es casualidad. Quizá no necesitas más información. Quizá necesitas conocer la Escuela y sentir si este camino es para ti. Estás invitada, invitado, a venir, a preguntar, a acercarte sin prisa. Nos vemos en el camino. |